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jueves, septiembre 28, 2006

La diabetes incrementa el riesgo de depresión

El temor a que la progresión de la diabetes levante barreras que impidan disfrutar de la vida en plenitud duplica el riesgo de depresión en los pacientes que ya han desarrollado alguna complicación asociada a esta enfermedad. Así lo muestra un proyecto de investigación realizado sobre 5.400 personas con diabetes y 3.800 profesionales de la salud de 13 países.
Ya en un análisis previo de este proyecto, llamado DAWN (Diabetes Attitudes, Wishes and Needs), se había establecido que la mitad de las personas que conviven con la diabetes siente que la enfermedad limita su capacidad para hacer lo que quieren. Eso, sumado al miedo que genera el diagnóstico de las complicaciones de la diabetes, cuyos elevados niveles de glucosa en sangre pueden causar problemas renales, visuales y cardiovasculares, entre otros, sientan las bases para que la calidad de vida resulte dañada, lo que a su vez incrementa el riesgo de depresión.

"Pudimos observar que la depresión en las personas con diabetes que habían desarrollado complicaciones fue asociada con un crecimiento del temor y la preocupación acerca del futuro”, declaró el Dr. Søren Eik Skovlund, coordinador del Programa DAWN. “La mayor presencia de temores y preocupaciones sobre si el paciente va a ser capaz o no de cumplir con sus responsabilidades familiares y laborales en caso de que la enfermedad empeore son las que causan una importante parte de la reducción del bienestar."

Los resultados preliminares del estudio, aún en curso, contradicen a investigadores que sugieren que el trastorno metabólico que ocurre en la diabetes es el que aumenta el riesgo de depresión. "En las personas con diabetes, el mayor riesgo de depresión no se puede explicar sólo por razones fisiológicas, eso lo sabemos con seguridad porque hay estudios que muestran que en personas con diabetes pero sin complicaciones no hay un gran incremento de la depresión", ha señalado el Dr. Skovlund, durante un simposio en la reunión anual de la European Association for the Study of Diabetes (EASD), que se ha realizado en Copenhague (Dinamarca).

"Las personas con diabetes que tienen depresión pueden ser tratadas con psicoterapia, especialmente con terapia cognitiva-comportamental, y si es necesario pueden recibir medicación antidepresiva; para los casos leves y moderados la evidencia sugiere que la terapia cognitiva es tan efectiva como cualquier medicación", respondió el investigador danés. Pero lo importante es que el terapeuta tenga un conocimiento muy profundo de la diabetes.
Para el Dr. Skovlund, una de las dificultades del tratamiento de la depresión en pacientes con diabetes se debe a que sus médicos no suelen estar entrenados en diagnosticarla y tratarla.
"La mayoría de los médicos que han participado del estudio DAWN dicen que carecen de los conocimientos necesarios para proveer un apoyo psicológico adecuado a sus pacientes. Habitualmente, los médicos subestiman la dimensión psicológica del tratamiento de la diabetes", concluye el investigador.

martes, septiembre 26, 2006

Prozac, el rey destronado

Un batallón de antidepresivos de tercera generación desbanca a la molécula más vendida.

El milagro se obró en un laboratorio de Indianápolis. Los farmacéuticos David Wong y Brian Molloy se afanaban desde mediados de los años 70 en descubrir un nuevo medicamento que paliase los síntomas de la depresión y confirmarse la intuición de un puñado de psiquiatras: la culpa de esta temible enfermedad la tenía la serotonina, la hormona del humor. O mejor dicho, su carencia. Wong y Molloy no eran los únicos que se esforzaban en encontrar una solución: desde hacía años un montón de equipos buscaban la fórmula. Pero ellos fueron los primeros.

El equipo de investigadores de Lilly tardó la friolera de 13 años en dar con el principio activo, una droga limpia que sortease los efectos secundarios de los eficaces tricíclicos, la primera generación de antidepresivos: unos medicamentos que, entre otras cosas, provocan sequedad de boca, estreñimiento, visión borrosa, aumento de peso y disfunción sexual, y con los que no resulta difícil suicidarse.

En 1987 la FDA (Agencia del Medicamento) americana aprobaba la nueva molécula, y un año más tarde la fluoxetina empezaba a venderse en todas las farmacias de Estados Unidos.
El resto de la historia es conocida. De un día para otro fluoxetina se convirtió en Prozac por obra y gracia de Interbrand, uno de los grandes de la comunicación corporativa, inventor de nombres tan famosos como Compaq, Oneworld y Wifi, la depresión se transformó en una enfermedad 'más segura, simple y asequible para médicos y pacientes', en palabras del famoso psiquiatra Norman Sartorius, y Lilly ganó tanto dinero (la suma sigue siendo hoy un secreto) que se convirtió en la envidia de sus competidoras.

En sólo cuatro años Prozac traspasó la frontera de la medicina y se transformó en un fenómeno de masas, con detractores incluidos, como los seguidores de Lou Marinoff, que acuñó aquella famosa frase de Más Platón y menos Prozac, título literario y crítica feroz a una forma de entender la vida.

La estrella de Prozac declinó en el año 1998 cuando caducó su patente industrial. Y éste fue el momento en que la competencia aprovechó para contraatacar con nuevas moléculas antidepresivas. El objetivo, desbancar del primer puesto de la clasificación al líder, y a su genérico, la fluoxetina, que amenazaba con convertirse en heredero.

En España, por ejemplo, un mercado de 470 millones de euros, el relevo ya se ha producido. El descenso nacional de las ventas de Prozac ha sido constante y lógico, desde los 30 millones de euros que facturó en 1998, según fuentes de la competencia, hasta los 8,2 millones que lleva vendidos en los primeros siete meses de 2006.

Once moléculas, además de la ya mencionada fluoxetina, compiten actualmente por hacerse con el cetro del mercado. Paroxetina, sertralina, escitalopran y venlafaxina son las más conocidas, y la primera de ellas, la paroxetina, un principio activo que lleva el copyright de Smithkline Beecham, es el supuesto sucesor de la fluoxetina, al menos en España, según datos de la consultora especializada IMS.

Entre enero y julio, la molécula más utilizada, usando como medida la dosis diaria definida (DDD), que equivale a los días de tratamiento, es la paroxetina, con 103,3 millones de DDD. Le siguen la sertralina (Pfizer y Esteve), con 74,2 millones de DDD, y escitalopram (de Lundbeck), con 68,4 millones. Estas cifras suman los días de tratamiento de las marcas y los genéricos. En este periodo el consumo de Prozac fue de 22,1 millones de DDD.

Pero, ¿por qué utilizar nuevos y más caros medicamentos si existe un genérico como la fluoxetina, cuya eficacia, con 40 millones de enfermos tratados en todo el mundo, ha quedado ampliamente demostrada? Los laboratorios rechazan un interés exclusivamente comercial: 'Estos nuevos inhibidores de la recaptación de la serotonina comienzan a funcionar a partir de la primera semana, y no transcurrido algo más de un mes, como sucede con el Prozac', señala Beatriz Rivero, directora de marketing de Lundbeck 'y sus efectos secundarios son menores'.

Los especialistas también apoyan la aparición de nuevos medicamentos. El doctor José Manuel Menchón, jefe clínico de Psiquiatría del Hospital Universitario de Bellvitge, no cree que la presencia de esta tercera generación de antidepresivos sea innecesaria. 'Cuanto mayor sea el arsenal terapéutico de que disponga el especialista mayor será su capacidad para curar enfermos. Aún no sabemos por qué, pero ante la misma enfermedad hay pacientes que responden bien a un fármaco y otros a otro'. Cuantos más, mejor.

¿Es posible operar las enfermedades mentales? La incidencia de la depresión y las enfermedades mentales asociadas a ella, como la ansiedad, o la presencia del trastorno obsesivo compulsivo, es muy alta en el mundo. La Sociedad Española de Psiquiatría baraja los siguientes datos para España: entre el 5% y el 10% de la población padecerá en algún momento de su vida depresión, otro 5% tendrá que recurrir a tratamiento clínico para superar episodios de ansiedad y un 2% tendrá que ser tratada por padecer algún trastorno obsesivo compulsivo. Estas cifras se repiten en todo el mundo occidental.
Pero el problema de estas enfermedades mentales no sólo es su incidencia, también la cronificación de la patología. Está estudiado que transcurridos dos años desde que se produjo el primer episodio de depresión, el 50% de los pacientes recaen, y a los 10 años el 80% de los enfermos vuelve a enfermar. Los psiquiatras recomienda que en los casos de que se produzcan tres episodios de depresión en la vida de un individuo, el tratamiento se prolongue por el plazo de cinco años e incluso sea indefinido.

En la actualidad, y pese a sus efectos secundarios, los tricíclicos siguen siendo utilizados en los casos de depresión muy grave. Pero también para estas circunstancias se comercializan los llamados antidepresivos duales (inhibidores de la recaptación de serotonina y noradrenalina), cuyas moléculas son la venlafaxina y duloxetina.

La cirugía -concretamente la estimulación cerebral con electrodos, que se instalan en el núcleo subtalámico del cerebro y que están conectados a una batería-estimulador, que manda impulsos eléctricos hasta la neurona diana para normalizar la actividad-, se ha convertido en una opción novedosa. Se realiza en Canadá, Alemania y Bélgica, y antes de que finalice el año empezará a hacerse en Bellvitge. El reto, en cualquier caso, sigue siendo encontrar un tratamiento que cure definitivamente.

lunes, septiembre 25, 2006

Depresión incluye también a los niños y adolescentes

La depresión no sólo se presenta en adultos sino que incluye también a niños y adolescentes y éstos resultan particularmente afectados debido a su tierna edad.

Se estima que hasta 2.5% de los niños y 8.3% de los adolescentes sufre depresión, con una relación de dos mujeres por un hombre. Por lo general inicia con la pérdida de un objeto, produciendo frustración, hostilidad y sentimiento de culpa.

Las niñas demasiado tranquilas e inhibidas “son buenas y se portan bien” y los niños con mucha dificultad para establecer contacto, con tendencia al aislamiento, irritabilidad, problemas escolares y agresividad, pueden padecer algún problema de depresión.

El rechazo hacia los hijos, los cuadros depresivos por parte de los padres o las familias con relaciones agresivas y disfuncionales, son factores que influyen para que el niño o adolescente sufra depresión, sobre todo en quienes tienen predisposición genética y ambiental, aunado a los cambios asociados con la pubertad.

Las personas que padecieron depresión en la infancia o la adolescencia les queda una vulnerabilidad que implica una vida adulta con menos amistades, menos redes de apoyo, mayor estrés y menor alcance educacional, ocupacional y económico.

Por ello, se destaca la necesidad de atender este problema desde la infancia y, sobre todo, en la adolescencia, al ser esta una etapa importante porque en ella se define la formación académica, es el inicio de la vida profesional u ocupacional, de la vida sexual y la elección de pareja, por lo que la falta de atención puede tener consecuencias más allá del ámbito de la salud.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), la depresión pasará del cuarto lugar en 2000, al segundo sitio en 2020 como causa de incapacidad, detrás de las enfermedades isquémicas, como infartos, insuficiencia coronaria y accidente cerebrovascular, mientras que en los países en desarrollo se ubicará en el primer sitio como carga de enfermedad.

El trastorno depresivo es una enfermedad que afecta el organismo, el estado de ánimo, la forma de pensar, de concebir la realidad, el ciclo normal del sueño y alimentación. Además, se altera la visión de cómo uno se valora a sí mismo, autoestima y la forma de pensar.

Un trastorno depresivo no es lo mismo que un estado pasajero de tristeza, que puede considerarse como una reacción normal ante un acontecimiento negativo. Sin embargo, si dicho estado se prolonga en el tiempo o sus síntomas se agravan impidiendo el desarrollo adecuado de la vida cotidiana, se puede convertir en un trastorno depresivo.

A pesar de que no todas las personas experimentan lo mismo, los síntomas comunes van desde un estado de ánimo triste, ansioso o “vacío” en forma persistente, hasta pensamientos de muerte o suicidio, acompañados de desesperanza, pesimismo, sentimientos de culpa, de inutilidad, desamparo, pérdida de interés o de placer en pasatiempos y actividades que antes se disfrutaban. También puede haber disminución de energía, fatiga, agotamiento, sensación de estar “en cámara lenta”, dificultad para concentrarse, recordar, tomar decisiones, insomnio, despertarse más temprano o dormir más de la cuenta, pérdida de peso, apetito o ambos o, por el contrario, comer más de lo habitual y aumento de peso, así como síntomas físicos persistentes que no responden al tratamiento médico como dolores de cabeza, trastornos digestivos y otras alteraciones crónicas.

Es necesario que los padres estén atentos constantemente al comportamiento de sus hijos para detectar alguna señal de depresión para ayudarlos a que reciban el diagnóstico y tratamiento adecuados. De ser así, el niño o adolescente requerirá que el familiar haga una cita y lo acompañe al especialista. A veces es necesario asegurarse que tome el medicamento y lo ayude a obedecer las órdenes del médico, lo cual implica comprensión, paciencia, afecto y estímulo, además de no minimizar los sentimientos que la persona deprimida expresa y no presionarla para que mejore rápido, ni acusarla de fingir la enfermedad.

jueves, septiembre 21, 2006

Escala de Hamilton para la depresión

Instrucciones: Escoja en cada ítem la puntuación que corresponda a la intensidad acorde a lo que siente o a su comportamiento, de acuerdo a su apreciación, y luego sume la totalidad de los 17 items
1. Humor deprimido, tristeza (melancolía), desesperanza, desamparo, inutilidad:
0 = Ausente
1 = Estas sensaciones las expresa solamente si le preguntan como se siente
2 = Estas sensaciones las relata espontaneamente
3 = Sensaciones no comunicadas verbalmente (expresión facial, postura, voz, tendencia al llanto) 4 = Manifiesta estas sensaciones en su comunicación verbal y no verbal en forma espontánea


2. Sentimiento de culpa:
0 = Ausente
1 = Se culpa a si mismo, cree haber decepcionado a la gente
2 = Tiene ideas de culpabilidad o medita sobre errores pasados o malas acciones
3 = Siente que la enfermedad actual es un castigo
4 = Oye voces acusatorias o de denuncia y/o experimenta alucinaciones visuales amenazadoras


3. Suicidio:
0 = Ausente
1 = Le parece que la vida no vale la pena ser vivida
2 = Desearia estar muerto o tiene pensamientos sobre la posibilidad de morirse
3 = Ideas de suicidio o amenazas
4 = Intentos de suicidio (cualquier intento serio)


4. Insomnio precoz:
0 = No tiene dificultad
1 = Dificultad ocacional para dormir, por ejemplo le toma más de media hora el conciliar el sueño
2 = Dificultad para dormir cada noche.


5. Insomnio intermedio:
0 = No hay dificultad
1 = Esta desvelado e inquieto o se despierta varias veces durante la noche
2 = Esta despierto durante la noche, cualquier ocasión de levantarse de la cama se clasifica en 2 (excepto por motivos de evacuar)


6. Insomnio tardío:
0 = No hay dificultad
1 = Se despierta a primeras horas de la madrugada, pero se vuelve a dormir
2 = No puede volver a dormirse si se levanta de la cama


7. Trabajo y actividades:
0 = No hay dificultad
1 = Ideas y sentimientos de incapacidad, fatiga o debilidad (trabajos, pasatiempos)
2 = Pérdida de interés en su actividad (disminución de la atención, indecisión y vacilación)
3 = Disminución del tiempo actual dedicado a actividades o disminución de la productividad
4 = Dejó de trabajar por la presente enfermedad. Solo se compromete en las pequeñas tareas, o no puede realizar estas sin ayuda.


8. Inhibición psicomotora (lentitud de pensamiento y palabra, facultad de concentración disminuida, disminución de la actividad motora):
0 = Palabra y pensamiento normales
1 = Ligero retraso en el habla
2 = Evidente retraso en el habla
3 = Dificultad para expresarse
4 = Incapacidad para expresarse


9. Agitación psicomotora:
0 = Ninguna
1 = Juega con sus dedos
2 = Juega con sus manos, cabello, etc.
3 = No puede quedarse quieto ni permanecer sentado
4 = Retuerce las manos, se muerde las uñas, se tira de los cabellos, se muerde los labios


10. Ansiedad psíquica:
0 = No hay dificultad
1 = Tensión subjetiva e irritabilidad
2 = Preocupación por pequeñas cosas
3 = Actitud aprensiva en la expresión o en el habla
4 = Expresa sus temores sin que le pregunten


11. Ansiedad somática ( Signos físicos concomitantes de ansiedad tales como: Gastrointestinales: sequedad de boca, diarrea, eructos, etc. Cardiovasculares: palpitaciones, cefaleas. Respiratorios: hiperventilacion, suspiros. Frecuencia de micción incrementada. Transpiración):
0 = Ausente
1 = Ligera
2 = Moderada
3 = Severa
4 = Incapacitante


12. Síntomas somáticos gastrointestinales:
0 = Ninguno
1 = Pérdida del apetito pero come sin necesidad de que lo estimulen. Sensación de pesadez en el abdomen
2 = Dificultad en comer si no se le insiste. Solicita laxantes o medicacion intestinal para sus síntomas gastrointestinales


13. Síntomas somáticos generales:
0 = Ninguno
1 = Pesadez en las extremidades, espalda o cabeza. Dorsalgias. Cefaleas, algias musculares.
2 = Pérdida de energía y fatigabilidad. Cualquier síntoma bien definido se clasifica en 2.


14. Síntomas genitales (tales como: disminución de la libido y trastornos menstruales):
0 = Ausente
1 = Débil
2 = Grave


15. Hipocondría:
0 = Ausente
1 = Preocupado de si mismo (corporalmente)
2 = Preocupado por su salud
3 = Se lamenta constantemente, solicita ayuda


16. Pérdida de peso:
0 = Pérdida de peso inferior a 500 gr en una semana
1 = Pérdida de más de 500 gr en una semana
2 = Pérdida de más de 1 kgr en una semana


17. Perspicacia:
0 = Se da cuenta que esta deprimido y enfermo
1 = Se da cuenta de su enfermedad pero atribuye la causa a la mala alimentación, clima, exceso de trabajo, virus, necesidad de descanso, etc.
3 = No se da cuenta que está enfermo


Si la suma total de esta Escala es igual o mayor a 6 puntos es recomendable que consulte a un profesional ya que puede estar sufriendo un Trastorno Depresivo.

miércoles, septiembre 20, 2006

Los problemas respiratorios durante el sueño están asociados con un mayor riesgo de depresión

Los individuos que tienen trastornos de la respiración asociados con el sueño son más propensos a desarrollar depresión y las probabilidades de que padezcan la enfermedad aumentan a medida que estos problemas del sueño se intensifican, según un estudio de la Universidad de Wisconsin-Madison de Estados Unidos que se publica en la revista 'Archives of Internal Medicine'.

Los trastornos asociados a la respiración durante el sueño, en los que aparecen signos como las pausas frecuentes en el ritmo respiratorio o la respiración dificultosa, han sido asociados con una variedad de consecuencias negativas para la salud, incluyendo la enfermedad cardiovascular y un funcionamiento alterado durante el día. Estudios anteriores han sugerido que la depresión mejora cuando mejoran estos trastornos de la respiración nocturna, mostrando una relación entre ambos aspectos de la salud.

En el estudio actual participaron 1.408 adultos de entre 30 y 60 años cuando comenzó el estudio en 1988. Según los científicos en comparación con los pacientes sin trastorno respiratorio durante el sueño, aquellos otros con casos reducidos del problema fueron 1,6 veces más propensos a la depresión; aquellos con los casos leves dos veces más propensos; y los pacientes con los trastornos respiratorios moderados o graves 2,6 veces más propensos a la depresión. Los individuos cuyos problemas respiratorios empeoraron a lo largo del tiempo vieron incrementados sus riesgos de convertirse en pacientes depresivos.

Los investigadores explican que en el estudio un aumento de los trastornos respiratorios durante el sueño que ascendiera el nivel de gravedad al escalón superior, por ejemplo pasar de no tener problemas respiratorios a tener un mínimo de ellos, se asoció con un aumento de 1,8 veces en las probabilidades de desarrollar depresión en comparación con la ausencia de cambios en el nivel de trastornos respiratorios.

Según estos datos si alguien que en un periodo de cuatro años ha pasado de no tener trastornos respiratorios asociados al sueño a tener mínimos problemas en este sentido tiene hasta un 80 por ciento más de probabilidades de desarrollar depresión que aquellos que continúan sin sufrir este tipo de alteraciones.

lunes, septiembre 04, 2006

Depresión, ansiedad y cicatrización de heridas

Investigadores británicos indican que las heridas tardan más tiempo en cicatrizar en aquellos pacientes que presentan ansiedad o depresión.

Su investigación, publicada en "Psychosomatic Medicine", incluyó a 53 personas adultas tratadas de heridas en las piernas. El tiempo de cicatrización fue 4 veces más prolongado entre aquellos pacientes que puntuaron más alto en las escalas de detección de la depresión y la ansiedad. El retraso se comprobó en 15 de los 16 pacientes diagnosticados de ansiedad y en todos –13 en total- los que presentaban depresión.

Los autores opinan que los factores psicológicos pueden influir directa o indirectamente en el tiempo de cicatrización, puesto que se ha comprobado que los trastornos mentales afectan al funcionamiento del sistema inmunitario.

Jano On-line

Psychosomatic Medicine


Riesgo de desarrollar enfermedad maníaco depresiva

La enfermedad maníaco depresiva, forma parte del grupo de enfermedades psiquiátricas, en las que se presenta un trastorno severo del estado de ánimo en forma recurrente, manifestado por estados cambiantes de depresión y ansiedad, pero también ciclos de euforia y excitación.

La frecuencia en la presentación de la enfermedad maníaco depresiva, en pacientes a quienes inicialmente se les diagnostica depresión, ha sido poco estudiada dentro de los desórdenes psiquiátricos. Se estima que la posibilidad de que una depresión progrese a manía, es de 5% a 10%; sin embargo se conocen reportes con cifras muy diferentes, en los cuales el porcentaje de pacientes con depresión repetitiva que progresan a manía, es mucho mayor.

Queriendo saber más acerca de la relación de estas dos enfermedades, se llevó a cabo un estudio multicéntrico prospectivo, con seguimiento a 15 años, de 74 pacientes con edad promedio de 23 años.

El estudio se centró en tres aspectos principales: primero, saber cual es el riesgo que tiene un paciente que ha sido hospitalizado por depresión repetitiva, de desarrollar en 15 años manía ó hipomanía. Segundo, cual puede ser la característica clínica asociada con el desarrollo de trastorno depresivo ó enfermedad bipolar. Por último, esclarecer la relación del uso de antidepresivos con la conversión de depresión repetitiva a enfermedad maníaco depresiva.

Se encontró que durante el tiempo del estudio, 14 pacientes presentaron al menos un episodio maníaco agudo y 19 presentaron uno ó más crisis maníacos leves. Los criterios significan que 33 pacientes desarrollaron manía o hipomanía durante el seguimiento.

No se encontró relación significativa entre el uso de antidepresivos y cuadros de manía después de haberse diagnosticado depresión repetitiva. Tampoco se encontró influencia de otros factores como sexo, edad, antecedente familiar de enfermedad maníaco depresiva, enfermedades del afecto ó consumo de drogas estimulantes del sistema nervioso central.

Los autores concluyeron que adolescentes y adultos jóvenes con diagnóstico de depresión repetitiva tiene un gran riesgo aumentado desarrollar enfermedad maníaco depresiva en los 15 años siguientes al diagnóstico de depresión, por lo cual requieren vigilancia cercana.

Revista Latinoamericana Virtual de Psiquiatria, Neurologia y Neurociencias

¿Qué es la Derpresión?

La Depresión es un trastorno afectivo que varía desde la baja del estado de ánimo característica de la vida cotidiana, hasta el síndrome clínico de gravedad y duración prolongada. El término depresión proviene del latín depressio y significa hundimiento. Esta imagen ejemplifica claramente el sentimiento típico de la persona afectada, de estar hundida con un peso importante sobre su ser. El afectado posee un sentimiento profundo de tristeza y desánimo, como así también una apatía inusual que le impide disfrutar de aquello que antes le producía satisfacción. Además, la depresión suele estar acompañada de fatiga o cansancio que no se corresponde con el nivel de actividad. También son habituales los cambios físicos, la falta de apetito, pérdida del deseo sexual, alteración del sueño, dificultades cognitivas como la pérdida de concentración, de memoria o la dificultad para tomar decisiones. A su vez son habituales los pensamientos derrotistas, la baja autoestima y algunas conductas autodestructivas. La depresión tiene tratamiento efectivo, pero antes es necesario realizar un buen diagnóstico. Es importante saber si se trata de una depresión mayor, distimia, trastorno bipolar o un proceso de duelo patológico. Vale aclarar que aunque no ocurra en todos los casos, la depresión puede estar asociada a otras psicopatologías, principalmente a los trastornos de ansiedad.
Síntoma usuales de la depresión:
Sentimientos de tristeza, ansiedad y sensación de vacío persistente.
Sentimientos de desesperanza y pesimismo.
Sentimientos de culpa, inutilidad y desamparo.
Pérdida de interés o placer en pasatiempos y actividades que antes se disfrutaban, incluyendo la actividad sexual.
Disminución de energía; fatiga, agotamiento, sensación de estar ralentizado.
Dificultad para concentrarse, recordar y tomar decisiones.
Insomnio, despertar temprano o dormir más de la cuenta –hipersomnia-
Pérdida de peso, apetito o ambos, o por el contrario comer más de la cuenta y aumento de peso.
Pensamientos de muerte o suicidio; intentos de suicidio.
Inquietud, irritabilidad.
Síntomas físicos persistentes que no responden al tratamiento médico, como dolores de cabeza, trastornos digestivos y otros dolores crónicos.