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martes, noviembre 28, 2006

El abordaje temprano de la depresión infanto-juvenil evita recaídas en el adulto

La depresión en la infancia y la adolescencia es complicada de diagnosticar debido a las dificultades de los pacientes para explicar los síntomas y a que a menudo se presenta acompañada de distimia, ansiedad, trastornos de la conducta y de la personalidad, trastorno por déficit de atención con hiperactividad y abuso de sustancias.
Boris Birmaher, profesor de Psiquiatría de la Escuela de Medicina de la Universidad de Pittsburg (Estados Unidos), estima que un 2 por ciento de los niños y un 6 por ciento de los adolescentes padecen depresión. Birmaher, que impartió una conferencia en el Hospital Gregorio Marañón gracias al auspicio de la Fundación Alicia Koplowitz, explica que la duración media de la depresión en estos enfermos es de siete a nueve meses y el 90 por ciento de ellos remite a los dos años reciba o no tratamiento. Sin embargo, el 50 por ciento de los enfermos recae, la mayoría entre dos y cinco años más tarde pero existe la posibilidad de que la enfermedad continúe en la edad adulta o derive en trastorno bipolar. Birmaher defiende el abordaje temprano a través de psicoeducación, farmacoterapia e intervención psicosocial para prevenir recaídas y evitar las complicaciones de los trastornos depresivos graves (mayor riesgo de suicidio, afectación del desarrollo normal del niño o adolescente y aparición de otros problemas psíquicos). "Normalmente se administra un tratamiento concreto durante seis o doce semanas, en los siguientes seis o doce meses el paciente recibe un tratamiento de continuación para evitar recaídas y posteriormente se lleva a cabo un tratamiento de mantenimiento durante un año aproximadamente para prevenir la reaparición de la enfermedad", defiende el experto. Señala que las medidas específicas dependerán de la gravedad del trastorno y las comorbildidades asociadas. Estudios estadounidenses sugieren que la respuesta al tratamiento con antidepresivos es de un 40 al 70 por ciento, mientras que el efecto placebo y las terapias inespecíficas consiguen unas tasas de remisión de la enfermedad de entre 30 y 60 por ciento. Teniendo en cuenta esta información, Birmaher recomienda en pacientes con depresión moderada empezar con educación, apoyo y análisis de los posibles factores estresantes en el entorno familiar y la escuela. Si después de seis semanas no mejoran, habría que comenzar tratamientos más específicos. En pacientes con depresión moderada o severa aconseja tratamientos farmacológicos durante ocho o doce semanas y psicoterapia. En los casos en los que los pacientes presenten trastorno bipolar, psicosis, depresión crónica, severa o estacional (que ha de tratarse con terapia lumínica) la psicoterapia por sí sola no es suficiente.

martes, noviembre 21, 2006

Los misterios del Prozac

Prozac es un fortalecedor de la serotonina, un neurotransmisor cerebral. La serotonina fue descubierta en 1933, en el lugar menos pensado: en el intestino humano, razón por la cual se le llamó “enteramina”; de “entero”, intestino, y “amina”, una especie de proteína. En 1947 esta sustancia fue también encontrada en las plaquetas de la sangre, y entonces se ganó su nombre actual, “serotonina” (de “sero”, suero sanguíneo). Poco tiempo después la serotonina fue reportada en el cerebro humano, donde se le reconoció como “neurotransmisor” (las sustancias químicas que hacen posible la comunicación entre las neuronas, es decir, entre las células cerebrales). Pero la función de la serotonina permaneció desconocida hasta que en 1950 un grupo de investigadores comenzó a observar que los pacientes que eran tratados con dos nuevos fármacos para el tratamiento de la tuberculosis, mejoraban notablemente su estado de ánimo. Estos efectos apresuraron a los científicos a estudiar cómo era que esos fármacos afectaban los mensajeros químicos del cerebro, particularmente la serotonina. A partir de ahí se concluyó que la serotonina era un neurotransmisor estrechamente vinculado al estado de ánimo, y por lo tanto a la depresión. Las implicaciones clínicas de este descubrimiento no pasaron inadvertidas para las grandes compañías farmacéuticas, así que en 1975 los investigadores de Laboratorios Eli Lilly reportaron que habían sintetizado una sustancia que promovía la producción de serotonina en el lugar exacto del cerebro donde se requería para eliminar la depresión. La nueva sustancia fue identificada como “110140”. Once años más tarde, la “110140” recibió el nombre de Prozac, se llevó al mercado y se convirtió en uno de los más exitosos fármacos jamás creados en el ámbito de la Medicina (en 1999 representó el 26 por ciento de los ingresos de Eli Lilly, una de las más grandes compañías farmacéuticas del mundo).
Cuando salió al mercado, en 1986, el Prozac (fluoxetina) se recomendaba solamente para tratar la depresión mayor, el trastorno obsesivo-compulsivo y la bulimia nerviosa. Desde entonces se le han sumado otros usos.
El Prozac es considerado un hito en la psicofarmacología moderna, de hecho, se trata de la primera molécula antidepresiva con un buen perfil de seguridad y con efectos colaterales tolerables, lo que permitió que alcanzara una popularidad sin precedentes (no obstante el surgimiento de otros antidepresivos, el Prozac sigue siendo uno de los más vendidos).
Los liberadores de la serotonina, como el Prozac, trabajan a base de interferir en el metabolismo del cerebro. La serotonina viaja de una neurona a otra al cruzar una brecha conocida como “sinapsis”. En condiciones normales, una vez que una neurona receptora es activada por la serotonina, este químico es reabsorbido por el cerebro. Pero el Prozac interfiere con esa reabsorción, permitiendo que la serotonina permanezca más tiempo en la “sinapsis”, y como consecuencia de ello la gente se siente más feliz. Por dos razones: 1. Porque el Prozac provoca que la serotonina permanezca más tiempo de lo normal en las conexiones cerebrales. Y 2. Porque las personas deprimidas tienen niveles más bajos de serotonina que la población en general.
Investigaciones realizadas con monos adultos han permitido descubrir que el cerebro produce todo el tiempo nuevas neuronas, un proceso conocido como “neurogénesis”. Este descubrimiento le ha dado soporte a la idea de que la generación de nuevas neuronas está estrechamente vinculada al hipocampo —la región del cerebro asociada con el aprendizaje, la memoria y las emociones. Pero, ¿cuál es el impacto del Prozac en la neurogénesis? ¿Puede contribuir esta sustancia a la formación de nuevas células cerebrales? Los investigadores ya intentaron responder a estas preguntas, mediante un experimento muy sencillo: inyectaron Prozac a ratas de laboratorio, y los resultados fueron impresionantes. Las ratas elaboraron 70 por ciento más de neuronas que las que no recibieron el fármaco. Este resultado es extraordinario. ¿Quiere esto decir, que el Prozac borra la depresión debido a que mantiene ocupado el cerebro en crear más neuronas? Dicho en otras palabras, ¿existe algún vínculo entre la depresión y la neurogénesis?LA RESPUESTA ES "SI". Aparentemente una persona se deprime porque el cerebro deja de fabricar neuronas; y cuando la neurogénesis las restablece, la depresión desaparece. ¿NO LE PARECE GENIAL? Así es el Prozac, simplemente una maravilla de la Medicina moderna. De hecho el Prozac ha realizado dos grandes contribuciones a las ciencias médicas: 1. Le ha permitido a los neurólogos entender cómo funciona la química de la depresión. Y 2. Se ha convertido en una gran ayuda para las personas deprimidas.
Creado para tratar los problemas de la depresión, el Prozac ha derivado hacia otras muchas curas. Por ejemplo, se dice que es muy efectivo para tratar la eyaculación precoz (después de ser tomado por varias semanas). Pero ahora se le ha agregado un nuevo alivio: la cura del llamado “síndrome premenstrual”, un problema que afecta a millones de mujeres. Para aquellas con este síndrome, la tensión y la irritabilidad resultan tan fatigantes que llegan a interferir con la familia y el trabajo. Y muchos de los remedios ofrecidos por los médicos —dietas, ejercicios, hormonas— han fracasado en resolver el problema. Ahora, un estudio canadiense ha confirmado lo que los investigadores habían insinuado durante años: que el Prozac puede reducir los síntomas de las mujeres que sufren los casos más severos de síndrome premenstrual. En un experimento, las damas que tomaron Prozac mostraron seis veces más mejoría de sus síntomas, que aquellas que tomaron un placebo (una sustancia sin valor terapéutico). Todavía no está claro por qué el Prozac y otros depresivos funcionan para anular los síntomas premenstruales. Los resultados del estudio canadiense permitieron establecer la dosis apropiada de Prozac para lograr alivio sin los efectos colaterales del medicamento: 20 miligramos al día. Se desconoce si el Prozac recibirá la aprobación de las autoridades de Salud para ser recetado como remedio para el tratamiento del síndrome premenstrual, pero en Canadá y Estados Unidos un creciente número de médicos ya lo están recetando con este propósito. Los resultados del estudio canadiense han confirmado el amplio espectro del Prozac para tratar los síntomas más inesperados.
El fármaco tiene un problema —no hay felicidad completa. Los médicos que han recomendado el Prozac a sus pacientes, han criticado la decisión de la Administración de Fármacos y Alimentos (FDA) de Estados Unidos, de permitirle a Eli Lilly “no incluir una advertencia de que este fármaco puede inducir o empeorar las tendencias suicidas”. Según los entendidos, hasta un 3.5 por ciento de los pacientes deprimidos que toman Prozac parecen experimentar esos efectos. Un psiquiatra dice al respecto: “El problema es la ‘fantasía farmacológica’; es decir, la creencia de la gente de que usar fármacos puede resolver cualquier problema de salud, incluyendo los problemas mentales, sin tomar en cuenta que toda sustancia química guarda tras de sí un peligro potencial”. “En mi opinión”, continúa diciendo este señor, “antes de recetarle Prozac a un paciente con depresión, el médico debería intentar primero con terapias de conversación y con ejercicios aeróbicos, como el trote y la caminata vigorosa, por una razón muy simple: los ejercicios, al igual que el Prozac, combaten la depresión ligera, debido a que la actividad física vigorosa también estimula la producción de serotonina y la formación de nuevas neuronas. “Sin embargo, debo decir”, acepta el psiquiatra, “que los realzantes de la serotonina, como el Prozac, nos han permitido aprender mucho sobre la extraordinaria plasticidad del cerebro, y sobre la compleja interconexión de la neuroquímica con las emociones del ser humano. “De hecho, la Era del Prozac nos ha permitido comprender que la depresión es una aberración bioquímica cerebral que puede ser corregida con la sustancia química apropiada, y en este sentido el Prozac ha demostrado ser la más acertada", dice.

domingo, noviembre 19, 2006

Depresión, un mal desestimado

A Bernardete le dio en el supermercado, a Marcela al regresar de una competición de atletismo, a Malú después de perder al cuarto hombre de su vida y a Liz cuando su hija se fue de casa. Son cuatro mujeres, dos mexicanas, dos brasileñas, historias distintas pero tragedias iguales. Todas padecen la enfermedad que será la segunda más común en el 2020: depresión.
Las cuatro comparten sus dolores físicos y emocionales en un set de teatro. Relatan su peregrinar por los consultorios de decenas de médicos antes de ser diagnosticadas. Sus historias se cuentan en una obra en la que no hay actrices sino protagonistas de carne y hueso; tampoco ciencia ficción, sino un guión real.
En el mundo deambulan 340 millones de personas deprimidas que no están recibiendo tratamiento alguno. En el teatro de la depresión que se ha realizado en Sao Paulo, Brasil, estas historias pretenden crear conciencia como parte de la campaña internacional de la Federación Mundial de la Salud Mental.
La primera es Bernardete, una mujer con 41 años de edad y con profesión de ingeniera civil. Pasó ocho años deprimida sin que los seis diferentes especialistas que consultó le diagnosticaran depresión. En su historial clínico hay 24 estudios médicos, la mayoría del cerebro, aunque ninguno revela el porqué un buen día dejó de verle color al cielo. Antes de vivir en la tristeza profunda, Bernardete parecía llevar una vida completamente equilibrada: tenía un novio, una carrera exitosa, vida social activa y le encantaba leer los periódicos. La depresión le cayó un día en el supermercado; así lo cuenta: "Fui al supermercado a comprar una lata de comida que siempre compraba, del mismo sabor y misma marca. Al llegar, olvidé por completo a qué iba, no me acordaba, hice un gran esfuerzo por recordar, pero eso no sucedió; me solté a llorar y regresé a casa". A partir de ese momento, Bernardete nunca fue la misma. No sólo olvidó el nombre del artículo que iba comprar: olvidó la vida. Entró en un episodio largo de ansiedad y llanto. Dejó el trabajo, su vida social, sus visitas a la iglesia, la lectura del periódico y hasta al novio. Su vida se transformó en dormir, llorar y quejarse por los dolores físicos que sentía. Varias veces intentó recuperarse, pero los médicos que consultó nunca le recomendaron ver a un psiquiatra. Bernardete, como el 75% de pacientes que tiene depresión y son diagnosticados erróneamente por los médicos, avanzó en el trastorno por no atenderse a tiempo, a tal grado que pasó años en cama, sin abrir las cortinas de su recámara y completamente sola.
Malú es una mujer dedicada a la industria de la moda. Es una de los 7.5 millones de personas con depresión diagnosticada en el país de México. La sufre desde hace 30 años. Comenzó después de enfrentar la pérdida de los hombres que más quiso en su vida; el primero fue su esposo, quien la abandonó cuando ella tenía 20 años y después murió en un accidente; más tarde murió su padre; luego su suegro, quien la apoyaba moralmente a cuidar de sus dos hijas, y por último su segundo marido. Se vio sola por años. A cargo de dos pequeñas que la miraron por mucho tiempo con una tristeza profunda e inexplicable. Aunque el mayor golpe de su vida tardó en llegar. Fue en Acapulco. "Estábamos de vacaciones y mi hija mayor se perdió, la busqué por todos lados, la reporté a la policía, viví horas de angustia, una angustia que creció cuando la encontré, pues se encontraba dentro de un ataque de sicosis, irreconocible". Las vacaciones terminaron en un hospital psiquiátrico, donde la hija de Malú ha enfrentado por tres veces las crisis de la bipolaridad, enfermedad que presenta cuadros de manía y depresión. Malú ha pasado la vida llorando pérdidas, cuidando a sus hijas, trabajando para pagar el tratamiento de una de ellas y luchando contra la depresión, contra ese dolor de cabeza que a veces le impide trabajar o dormir, síntomas comunes en la enfermedad pues 74% de quienes la sufren manifiestan además de cansancio y problemas de sueño, síntomas físicos dolorosos como dolores musculares, de espalda, cervicales, de articulaciones y de cabeza.
Marcela es mexicana y atleta. Su paso por la depresión fue por mucho tiempo incrédulo. "Creía que mi permanencia de 24 horas en la cama era por mis dolores de espalda y no por depresión".
En una encuesta realizada en 2005 por la Federación Mundial de la Salud Mental, se encontró que 75% de las personas deprimidas antes de su diagnóstico no creía que los dolores físicos eran un síntoma de la depresión; incluso los mismos médicos no diagnostican los síntomas dolorosos con este trastorno, pues en las universidades existe una incompleta información sobre el tema. Marcela relata que desde siempre sufrió de ansiedad. "Ese cosquilleo se iba si respiraba profundamente o si me bañaba con agua caliente". Pero un día no se fue. Marcela regresó a casa angustiada. Abrió la regadera para ducharse y tratar de relajarse; una vez afuera del baño vino un ataque de llanto. Un llanto profundo y doloroso que la ató a una cama día y noche, y después un dolor en la espalda insoportable. Jamás volvió a la pista de carreras; tampoco a atender a sus hijos ni a alegrarle la vida a su esposo. "Siempre creí que me sentía así por mis dolores. Mi médico nunca pensó en depresión y la enfermedad me arrastró hasta lo más profundo de sus consecuencias", dice. De acuerdo con cifras de la Organización Mundial de la Salud, la depresión con síntomas físicos dolorosos afecta a 180 millones de personas en el mundo y generalmente se presenta en dos o tres mujeres por cada hombre. Según Patt Franciosi, presidenta de la Asociación para la Salud Mental de Estados Unidos y ex presidenta de la Federación Mundial de la Salud Mental, el caso de Marcela es muy común. El "75% de las personas que padecen la enfermedad nunca recibe tratamiento médico, lo que las lleva a un cuadro de depresión profunda, la parte más grave de la enfermedad donde se puede perder al paciente por suicidio; además, 69% de los médicos acepta que no tiene los conocimientos suficientes para diagnosticar la enfermedad".
La historia de Liz es la de una madre brasileña orgullosa de serlo. "El día que tuve a mi hija fue el más feliz de mi vida", dice. Liz sentía angustia al dejar a su bebé en la guardería, así que pronto dejó el trabajo. Comenzó a diseñar muebles desde su casa con tal de estar a lado de su hija en todo momento. Durante 15 años su vida giró en torno a su pequeña, hasta que un día la chica decidió separarse de mamá para entrar a una de las universidades más importantes del Brasil. Entonces vino la depresión de Liz. La sensación de soledad y tristeza la paralizó. Le empezaron a dar dolores de cabeza y pecho inexplicables. Comenzó a sentirse ansiosa todo el tiempo; preparaba comida para alguien que no volvería más. Se encerraba por días o caminaba sin rumbo por la ciudad. Dejó de comer hasta perder 13 kilos y enfermar. Pero en algo tuvo suerte: el primer médico al que visitó le diagnosticó depresión mayor; hoy está en tratamiento. Ya no espera más, sabe que su hija decidió alejarse de ella porque sus cuidados la ahogaban; sin embargo, sigue siendo incapaz de ver una foto de su pequeña sin soltarse en un profundo llanto.
La Federación Mundial de Salud Mental pretende crear conciencia a través de testimonios reales. "Queremos lograr dos objetivos primordiales; primero, que las personas que se sientan identificadas con la depresión acudan al psiquiatra, y después que los médicos se preparen desde la universidad para diagnosticar correctamente la enfermedad", explica Patt Franciosi.

lunes, noviembre 13, 2006

Julia Vaquero: «La depresión acabó con mi carrera, no tenía ganas de vivir»

Vuelve al atletismo con 36 años, después de haber estado seis lejos de las pistas y arrastrando las secuelas de una grave enfermedad.
-¿De todo, qué pesa más?
-La edad no pesa. Pesa más la enfermedad y sus secuelas.
-Explíquese.
-En el 2000 sufrí un trastorno bipolar que me hacía estar o muy eufórica o con una depresión muy grande, que ha sido lo más habitual. Eso me impidió entrenarme y por lo tanto tuve que abandonar el atletismo.
-¿Qué efectos le causó?
-No recuperaba y tenía mucha ansiedad y angustia. Pensé que sería un problema transitorio, pero pronto vi que no respondía al tratamiento y que no me recuperaba de las sesiones fuertes.
-¿Siguió entrenándose?
-Hacía mis cositas, quería volver, pero el organismo no me respondía. En medio, en noviembre de 2002 me quedé embarazada pero ni siquiera así veía el final del túnel. Me encontraba fatal. La depresión acabó con mi carrera, no tenía ganas de vivir.
-Sólo corrió pruebas populares.
-Hice algunas en 2004 y 2005, pero sin ninguna regularidad. Cuando me encontraba bien salía a rodar, pero me venían muchos bajones y salía a entrenarme un día sí y tres no. Así era imposible hacer algo.
-¿Su vuelta indica que se encuentra mejor?
-El psiquiatra me ha cambiado muchas veces de tratamiento en vista de que ninguno funcionaba. Pero el último, que comencé en junio, me ha hecho encontrarme mejor. Este verano corrí pruebas populares y vi que podía entrenarme todos los días y a ritmo alto. Ya era algo. Digamos que estoy limitada, pero muy mejorada. Por otro lado, mi hija (Xulia), que ahora tiene tres años, ha empezado el colegio, va muy contenta y esta alegría me la ha transmitido a mí también. La niña es otra motivación más.
-¿Qué resultados ha tenido?
-En unas carreras he estado bien y en otras mal. Aún no estoy curada y si pega el bajonazo los resultados se resienten.
-¿Cómo surge la posibilidad de volver si no está curada?
-En el 2000 dejé el atletismo por la puerta de atrás. Entonces no tenía ganas de hablar de mi enfermedad porque se veía como algo vergonzoso. Incluso, llegué a odiar el atletismo. He aceptado la vuelta ahora, con todas las consecuencias, porque quería darme una oportunidad, estar con mis compañeros, sentirme atleta y que me quedase una buena impresión de este deporte.
-¿Se ha puesto fecha de caducidad?
-No, voy a ir paso a paso. Me he dado un año de plazo para ver cómo responde mi cuerpo.
-El nombre de Julia Vaquero aún tiene tirón, pese a la larga ausencia.
-Me ha abrumado todo el ruido que ha originado mi vuelta y me emociona muchísimo que la gente aún se acuerde de mí.
-¿Qué se puede esperar de usted en esta nueva etapa?
-No pienso en lo individual, sino en hacer una buena labor de equipo en las competiciones de club. Me voy a dedicar más a la media maratón.
-Sus marcas siguen ahí. El récord de 5.000 aún le pertenece y el de 10.000 sólo lo ha superado Marta Domínguez y este verano.
-Aquellos 10.000 no fueron todo lo rápidos que yo quería. Estaba entonces para bajar de los 31 minutos y esa carrera sabía que era mi última oportunidad porque los problemas de salud ya me estaban afectando. Que se haya tardado diez años en mejorar esta marca y que aún esté vigente el récord de 5.000 me da pena porque significa que no ha habido recambio.

martes, noviembre 07, 2006

Diferencias motoras oculares entre la depresión melancólica y no melancólica

Antecedentes: El trastorno depresivo mayor puede ser un trastorno heterogéneo, siendo la depresión melancólica el subtipo descrito más consistentemente, visto cualitativamente diferente de la depresión no melancólica en términos de los daños cognitivos y motores. Son poco frecuentes los estudios del movimiento ocular en la depresión y los resultados no son concluyentes.
Métodos: Este estudio empleó una batería de pruebas sobre los movimientos sacádicos de los ojos para explorar los reflejos sacádicos, así como los aspectos cognitivos de orden superior de estos, incluyendo el control inhibitorio y la memoria de trabajo espacial. Participaron 19 pacientes con trastorno depresivo mayor (9 melancólicos; 10 no melancólicos) y 15 controles sanos.
Resultados: Se encontraron diferencias entre los pacientes melancólicos y no melancólicos. La melancolía se asoció a los estados de latencia mayores, a la dificultad al incrementar la velocidad al máximo y a los movimientos sacádicos primarios hipométricos durante el protocolo previsible. En contraste, el grupo depresivo no melancólico tuvo un desempeño similar a los controles en la mayoría de los ejercicios, pero la velocidad máxima de los movimientos sacádicos incrementó en los movimientos sacádicos reflexivos en los picos más altos.
Limitaciones: La mayoría de los pacientes estaban bajo medicación antidepresiva.
Conclusiones: Los aumentos del tiempo de latencia, la reducción de la velocidad máxima y la hipometría sacádica primaria con una mayor melancolía severa pueden explicarse por los cambios funcionales en las redes fronto-estriado-colicular, relacionadas con la disfunción de la dopamina. En contraste, el sistema serotoninérgico desempeña un mayor papel en los síntomas no melancólicos y éste puede sustentar los aumentos observados en la velocidad sacádica. Estos resultados proporcionan el soporte neurofisiológico para las diferencias funcionales entre los subgrupos que son consistentes con los resultados previos de los aspectos cognitivos y motores.

jueves, noviembre 02, 2006

La depresión bipolar en adolescentes

¿Cómo sufren los adolescentes las consecuencias de la depresión bipolar? Todavía aparecen dificultades para hacer un diagnóstico temprano. Las terapias actuales apuntan a controlar esta enfermedad crónica, que está considerada como la sexta causa de discapacidad en el mundo.
Con el objetivo de "mejorar la calidad de atención y prevenir la patología en los adultos", y basándose en los patrones que toma la Organización Mundial de la Salud (OMS), el Programa de Adolescencia prolongada de dos hospitales públicos vienen trabajando con población adolescente de la franja que oscila entre los 10 y 25 años para detectar, lo antes posible, el llamado trastorno bipolar. Los doctores Miguel Márquez y Silvina Vallarino, del Hospital de Clínicas "José de San Martín", y el doctor Francisco Doria Medina, a cargo del Servicio de Trastornos Afectivos del Hospital Francés, han dado a conocer algunos de los resultados y disertan sobre depresión bipolar en adolescentes, en el marco del VI Congreso Mundial de Trastornos Depresivos Mayores, que se ha llevado a cabo, en la ciudad de Mendoza. El doctor Márquez, médico psiquiatra del Hospital de Clínicas porteño, explica el motivo del estudio de la depresión bipolar. "Sabemos que, a mayor precocidad, peores son las evoluciones; sobre todo, cuando el diagnóstico no se hace adecuadamente", dice.
Antes se consideraba normal
Según las últimas estadísticas que se manejan en este hospital universitario, el 60 por ciento de los niños y adolescentes con enfermedad bipolar está "mal diagnosticado". El equipo de Trastornos Afectivos del Hospital Francés se sumó a este Programa de Adolescencia Prolongada, porque entiende que el diagnóstico sigue siendo un problema y un desafío. Para el doctor Francisco Doria Medina, profesor de la Universidad Católica Argentina y encargado de la mencionada sección, a esa edad es cuando más prevalencia e incidencia trastornos afectivos existe, sean bipolares o unipolares. "Sin embargo --subraya-- todavía falta estudiar la continuidad de estos trastornos desde la niñez hasta la adultez y hay muy poca literatura al respecto en esta etapa de transición". Previo a los años 70, la depresión era considerada como un fenómeno normal y característico de la adolescencia. "Hasta no hace mucho tiempo se tenía bastante descuidada a la depresión bipolar en este grupo etario. Sin embargo, estudios hechos en los últimos diez años demostraron cómo la depresión bipolar es tan prevalente como la unipolar", advierte Doria Medina.
Diagnosticar pronto
Actualmente se están utilizando tres medidas para mejorar la exactitud del diagnóstico. Son ellas el cuestionario "Mood Disorder"; la escala de diagnóstico del espectro bipolar y el índice de bipolaridad. Asimismo, en el último congreso sobre el tema que se realizó en Toronto (Canadá), se recalcó la importancia que tiene la familia en el diagnóstico. "Esto se aplica en el Programa de Adolescencia Prolongada, no sólo para ver cómo son los familiares en sí, sino también de cómo los familiares ven al paciente", indica la doctora Silvina Vallarino, médica psiquiatra del Hospital de Clínicas. "Nuestros problemas de diagnóstico se dan crucialmente con el trastorno bipolar", agrega Márquez.
Entre los factores que contribuyen a un diagnóstico equivocado, los tres especialistas atacaron contra los actuales esquemas clasificatorios. Para el doctor Márquez, no hay que apegarse a los criterios del código DSM-IV (con el que se catalogan internacionalmente los trastornos mentales y s su forma de tratamiento), porque pone a la depresión bipolar fuera de un trastorno depresivo y no diferencia clínicamente las depresiones unipolar y bipolar. "Entonces, la idea es ver si estamos ante un paciente adolescente con depresión bipolar o ante uno con depresión 'normal', con conflictos adolescentes", se explica. Según Doria Medina, "el DSM-IV tiene la particularidad de que para diagnosticar depresión, tanto unipolar como bipolar, utiliza la misma sintomatología". "Podemos equivocarnos si hacemos lo que no tenemos que hacer --señala Márquez--, pero también podemos equivocarnos si no hacemos nada, porque entonces se generan fenómenos de facilitación tardía de episodios no tratados".
Crónica y cíclica
La depresión bipolar es crónica y cíclica y los especialistas dicen que no se cura pero puede controlarse. La falta de adherencia de los pacientes al tratamiento ronda el 50 por ciento. Se trata de pacientes reacios a la terapia. "Una vez que se sienten mejor es común que abandonen el tratamiento", sostiene Vallarino. En estos casos las hospitalizaciones son frecuentes. Si a esto se le suman tratamientos inadecuados previos, señala, el panorama es más complicado aún. Para el tratamiento farmacológico, el consenso internacional actual indica que hay que iniciar una monoterapia con un estabilizador del ánimo y no con un antidepresivo. No obstante, aún el litio continúa siendo el medicamento de primera elección. Con respecto a la psicoterapia, diversos estudios demuestran cómo aquellos pacientes que continúan con psicoterapia previenen las recurrencias o las recaídas de sus cuadros depresivos. La depresión bipolar afecta entre el 1 y el 5 por ciento de la población. El pico de comienzo se ubica entre los 15 y los 30 años. Muchos pacientes presentan un mayor retardo motor y una mayor dificultad para la pérdida de peso. En los más jóvenes, son comunes los síntomas psicóticos. Está considerada como la sexta causa de discapacidad en el mundo. Márquez define al paciente bipolar como típicamente eufórico por la mañana e irritable por la tarde. Presenta varios cambios en el estado de ánimo diariamente, cada uno extendido por algunas horas, con síntomas de beligerancia, hostilidad, respuestas claramente desproporcionadas al estímulo, impulsividad social, amenazas y desafíos. Para Vallarino, la depresión bipolar se asocia con el uso y abuso de sustancias, de alcohol y de droga y tiene una alta tasa de suicidio, que es mayor dentro de los diez años del comienzo de la enfermedad.
Números
*60 por ciento de los niños y adolescentes con enfermedad bipolar está mal diagnosticado, según estadísticas del Hospital de Clínicas.
*50 por ciento de los pacientes dejan no tienen constancia con el tratamiento.
*1-5 por ciento de la población actual está afectada de depresión bipolar. El pico de comienzo se ubica entre los 15 y los 30 años.
Dónde informarse
En Barcelona, España